El dinero y la felicidad

En 1974, Richard Easterlin estudió cuál era la relación entre dinero y felicidad para diferentes países. El resultado de su estudio dio como resultado la paradoja de Easterlin, que venía a decir que, a partir de un determinado nivel de renta, la correlación entre dinero y felicidad no existía. Esto es, que a partir de un determinado importe de ganancia, una persona no era más feliz por tener más dinero. A partir de aquí se desarrollaron conceptos como la economía de la felicidad o la renta relativa. Yo soy más feliz, no si mi renta sube en valor absoluto, sino si sube respecto a la de la gente que me rodea. Al romper Easterlin con las teorías más clásicas de la economía, muchos economistas criticaron abiertamente esta paradoja.

Dinero y Felicidad

Xavier Sala i Martín, catedrático de Economía por la Universidad de Columbia y uno de los economistas más prestigiosos de los últimos años, escribía en un artículo publicado por La Vanguardia en septiembre del 2008 que las conclusiones de Easterlin siempre fueron mal interpretadas. Primero porque una cosa es demostrar que una relación estadística no existe y otra muy distinta es no poder demostrar que existe. Según el economista catalán, Easterlin no probó que no había relación entre renta y felicidad a partir de una cantidad determinada de dinero, sino que nunca pudo demostrar que existía.

Y segundo, porque en su estudio no incluía casi ningún país pobre. En 2008, los economistas Justin Wolfers y Betsey Stevenson, ambos de la Universidad de Pensilvania, publicaron un artículo en el que volvieron a examinar la paradoja de Easterlin usando nuevas series de datos, entre los cuales se incluían países pobres.

Conclusiones más importante

En el artículo publicado por el profesor Sala i Martín se reproducen las siguientes conclusiones:

  1. La gente de los países ricos dice ser más feliz que la de los países pobres. Parece que la visión idílica que tenemos desde nuestra prosperidad hacia la gente pobre por conformarse con lo poco que tienen es algo que ellos no comparten. Repito, pregúntenles si el dinero es importante para ellos y qué relación tiene con la felicidad.
  1. A todas las personas les produce felicidad un aumento de salario. De hecho, la relación entre felicidad y prosperidad no sólo no se detiene sino que se acentúa a partir del umbral que marcaba Easterlin. Otra cosa es que, pasado un tiempo (no muy largo por cierto), esa felicidad se nos pasa porque ya estamos pensando en el siguiente aumento.
  1. Dentro de cada país, la gente rica es más feliz que la pobre.
  1. La felicidad de casi todos los países aumenta con el paso del tiempo, pese que hay excepciones.

5. En los países ricos hay más gente que dice haberse reído o haber sonreído en las últimas veinticuatro horas y hay menos gente que dice haber experimentado dolor, depresión, aburrimiento o enfado.

Conclusión principal: la paradoja de Easterlin no existe. El profesor Sala i Martín apuntilla con su ironía característica que esto no debería ser una sorpresa: cualquier analista razonable debería haber concluido que, cuando 6000 millones de personas trabajan duramente para mejorar su situación económica y un sabio les dice que son tontos porque su esfuerzo no les va a reportar más felicidad, tarde o temprano se demuestra que los tontos no son los ciudadanos.

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